Opinión / Columna
 
Agustín Hernández González 
Voto 2009
El Occidental
13 de junio de 2009

  Ejercer nuestro derecho-obligación al voto es un imperativo para cualquier ciudadano realmente interesado en el bienestar y la superación de México. Quienes incitan a la abstención, en realidad le hacen el juego, conscientemente o no, a los que se benefician desde el poder. Votar es pues, la oportunidad que cada tres años tenemos, no sólo para expresar nuestra aceptación o rechazo al ejercicio del gobierno, sino sobre todo para hacernos partícipes de la educación del país porque, contrariamente a lo que algunos suponen, todos somos corresponsables de errores y aciertos desde el momento en el que mediante nuestro sufragio elegimos a los buenos o malos gobernantes.

Hoy por desgracia las campañas electorales se fundamentan más es improperios y bajezas, que en contenidos o propuestas y muchas de éstas son en realidad incitaciones a la violencia o a linchamientos, como esa que anuncia la pena de muerte para secuestradores o violadores. Por supuesto que la mayoría estamos en contra de la delincuencia y a favor de que quienes a eso se dedican sean castigados en la forma más rigurosa y firme, pero nadie en su sano juicio puede, lisa y llanamente, pretender la instauración de una pena, que por mucho ha demostrado no sólo su ineficacia, sino más que nada el hecho de que por sí misma es capaz de generar mayor odio y violencia entre los individuos y entre la sociedad.

De ahí que el electorado carezca entonces de ofertas inteligentes y bienhechoras, pues las que haya únicamente miran al ciudadano como "cliente" político, mera carne de votar y nada más. Si a eso agregamos la manipulación que muchos medios de comunicación hacen de la contienda, en la que se magnifican sobre todo los vicios, defectos o errores que los candidatos y partidos tienen o pueden tener, soslayando perversa y malintencionadamente sus aciertos y cualidades, entonces la confusión y desazón van perneando en la sociedad hasta hacerla desistir de participar. Es fácil concluir, pues, a quienes beneficia todo esto, como en su época ganaban aquellos que instalaban la pira para luego en ella quemar los libros. Ante ello, el elector tiene el deber de informarse, de utilizar su raciocinio, de estudiar el proceso electoral y de involucrarse en él; de conocer la legislación en la materia y por supuesto las opciones políticas que se le presentan. Actuar con patriotismo y honestidad intelectual, para votar a favor precisamente de aquel candidato o candidata que honrada y sinceramente le merecen la mejor opción. Despertar del marasmo en el que muchos medios masivos de comunicación quieren mantenerlo. No permitir que le manipulen y llamar a otros ciudadanos a despertar. La democracia carece de sentido y de eficacia si su protagonista, el ciudadano, no participa o lo hace mediatizado, desorientado, mal informado o idiotizado. La perversidad por parte de quienes constituyen mafias o cotos de fuerza no estarán dispuestos ni aquí ni en ninguna otra parte ni en ningún tiempo, a ceder graciosamente sus espacios de influencia y de enriquecimiento. Tampoco desistirán de su aferramiento a ello. Ante eso, la gran masa popular no tiene más que dos opciones: o los votos o las balas. En tanto los cauces de participación estén abiertos y las autoridades encargadas de organizar y de calificar la elección lo hagan con eficacia, transparencia y agilidad, debemos proceder responsable e inteligentemente por la vía institucional, pero el gobierno, los partidos políticos y los candidatos son los primeros responsables de que nadie opte por las armas. No olvidemos que cuando Porfirio Díaz ignoró el clamor popular por un sufragio libre y democrático, los mexicanos fueron prohijando los sentimientos que estallaran luego en revolución. Sería injusto y arbitrario que desde el poder se intentara manipular la elección, pero sobre todo peligroso. El pueblo de México está ya atenazado por crisis económicas interminables que no le permiten vivir mejor. Lo afectan directa o indirectamente nuevos y añejos problemas que no han encontrado solución y que cada día se agravan, por más que se diga otra cosa, como la inseguridad, el desempleo, la incapacidad para atender demandas por salud y educación, transporte y vivienda. La distribución del ingreso es desigual y hay un mayoritario sector de mexicanos que sobreviven en la miseria y en la marginación. Las propuestas de quienes aspiran a representarnos o a gobernarnos no aciertan a resolver semejante situación, o lo hacen de manera tibia y desarticulada, precisamente porque las pugnas entre los contendientes y sus partidos no tienen una motivación de servicio sino de ambición personal o de grupo. Se pretende acabar, destruir al adversario intentando así ganar votos, en lugar de concentrarse en la búsqueda de soluciones. Triste, lamentable, dolorosa carencia de valores, de sentido común, de nobleza y de talento, pero sobre todo, peligrosa incitación al encono, al rencor, al divisionismo, al enfrentamiento, a la violencia, a la fractura. ¡Cuidado! México se nos puede perder en un abrir y cerrar de ojos. ¡Cuidado!
 
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