Opinión / Columna
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Óscar de la Torre Padilla
Inseguridad pública y gobernabilidad
El Occidental
8 de junio de 2009
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Son muchas las inversiones nacionales y extranjeras que han quedado pendientes por la inseguridad pública que nos agobia, y consecuentemente, no se han generado un número considerable de empleos, que habrían subsanado la crisis laboral que nos afecta.
Asesinatos de jefes policíacos, decapitados, granadas, asaltos, secuestros, robos a comercios y casas, a trailers con mercancías, a camiones que transportan dinero y robos diarios de automóviles, son algunas de las agresiones que recibe la sociedad, debido a la inseguridad que priva en el país.
Se habla de depuración de los cuerpos policiacos, de equipamiento moderno, mejores sueldos y otras medidas que indudablemente son necesarias.
La inseguridad al igual que la economía, son temas que salen a relucir en los comentarios de todos los días. Ante tal situación, hay quienes recurren al pasado para tratar de justificar este grave problema y frente a esas argumentaciones, otros opinan: ¿acaso no es suficiente el tiempo de la actual administración para que ya se hubiera puesto en práctica un efectivo programa de seguridad? ¿En dónde está el cambio para hacer mejor las cosas?
Es cierto, la solución de este problema corresponde a todos: gobernantes y gobernados; pero también es cierto que son las autoridades responsables de esas tareas las que deben armar el rompecabezas y coordinar a todas las partes.
Lamentablemente la ciudadanía que es la que sufre las agresiones personales y en sus bienes, no ve resultados concretos, ni conoce un plan integral de seguridad en el cual pudiera participar.
Una persona, haciendo referencia a este tema me decía: es tanta la inseguridad, que muchas personas se privan de asistir a fiestas, debido al riesgo de sufrir un asalto, y en temporadas de vacaciones se abstienen de salir por el temor que su casa sea robada.
Analizar concienzudamente las múltiples causas que originan la inseguridad, preverla y combatirla profesionalmente, es una acción que no admite demora, porque, si no hay seguridad, no hay inversión; si no hay inversión, no se generan empleos; si no hay empleos, no hay salarios; si no hay salarios, no hay bienestar.
La seguridad pública es una responsabilidad que deben atender prioritariamente los Gobiernos: federal, estatales y municipales, como parte importante de sus tareas cotidianas, que deben llevarse a efecto con la debida coordinación y respeto al federalismo, entre los tres niveles de gobierno, y no politizar los operativos con fines electorales.
¡Hay que informarse para comparar, comparar para decidir y decidir para votar!