Opinión / Columna
 
Óscar de la Torre Padilla  
Hay que rescatar Guadalajara
El Occidental
25 de mayo de 2009

  Es mucho lo que se ha escrito en contra de Guadalajara, y a los tapatíos nos duelen los comentarios que dañan la imagen de nuestra capital.

No es mi propósito sumarme a las voces de protesta que afectan a la aún llamada "Perla de Occidente", pero no puedo permanecer imposible al ver que nuestra ciudad ha sido objeto de acciones que afectan sensiblemente el paisaje urbano.

Son muchas las voces de protesta que los tapatíos y visitantes, como consecuencia del caos vial que han originado las desviaciones en las calles de nuestra ciudad, los hoyancos, tierra y basura que alteran el entorno citadino, con motivo de las obras que simultáneamente se llevan a efecto y provocan irritación y enojo en los peatones y automovilistas. Sabemos y hay que mencionarlo, que es muy desordenada la forma en que se realizan dichas obras, sin tomar en cuenta las consecuencias y daños que ocasionan.

También son pocas las casas, edificios, monumentos, negocios o bardas que se han librado de ser pintarrajeados con signos extraños imposibles de descifrar, contaminando el ambiente de una ciudad que, orgullosamente ostenta en la fuente de Minerva, una leyenda que a veces nos preguntamos si todavía corresponde a la realidad que vivimos, la cual dice textualmente: "Justicia, Sabiduría y fortaleza, Custodian a esta Leal Ciudad".

Tampoco me explico el gasto inútil en pinturas de diferentes colores que se usan para afectar una y otra vez a la casi totalidad de las fincas de Guadalajara, lo cual es sin lugar a dudas, un dispendio en el que participan lo mismo juniors que, lo que es más grave, aquellos que careciendo de lo esencial, gastan el poco dinero del que disponen para pintarrajear paredes, en actos que la comunidad repudia.

No entiendo cómo estas personas pueden trepar a partes altas de edificios, marquesinas y en algunos casos, señales de tránsito, para pintar sus extraños signos, sin ser detenidos por la Policía.

Me resisto a pensar que ello se debe a que hay desinterés y negligencia por parte de las autoridades municipales para corregir esta situación, ya que no hay colonia modesta o residencial, que no sea víctima de los graffitis.

Todo tiene un límite y más cuando se afecta directa e indirectamente a los habitantes de Guadalajara, dando la impresión a quienes nos visitan, de una ciudad descuidada y presa de acciones que, si son de protesta, no tienen que expresarse afectando a terceros en sus bienes, ante la falta de medidas preventivas y correctivas.

Una cosa es el derecho a manifestarse y otra muy distinta, cuando esto se hace ocasionando un daño en propiedad ajena.

Es urgente que se lleven a efecto las medidas necesarias para que nuestra ciudad, de la que nos sentimos orgullosos, recupere su imagen y luzca calles asfaltadas, banquetas reparadas y fechadas limpias, como corresponde a una ciudad señorial y moderna, fruto del esfuerzo de sucesivas generaciones de tapatíos.

Es importante que se dejen de realizar las obras públicas en base a un calendario electoral, dañando a los comerciantes del Centro Histórico de Guadalajara y a visitantes y residentes, que en lugar de disfrutar el paisaje urbano, sienten que transitar por una población que hubiera sido bombardeada.

Es mucho lo que se habla de la falta de planeación, y es más lo que se comenta respecto a los errores en la construcción de obras públicas, que a veces, apenas realizadas, han tenido que ser reparadas de inmediato y levantar en otros casos el pavimento recién puesto, porque se les olvidó poner previamente unas instalaciones necesarias.

El contribuyente es el que paga no sólo las obras, sino también los errores y los aumentos en los presupuestos que inicialmente se aprobaron y que posteriormente se incrementaron.

¡Hay que rescatar Guadalajara, que es el hogar común de todos los tapatíos!
 
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