Opinión / Columna
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Carlos Orozco Santillán
La derecha que no queremos
El Occidental
20 de mayo de 2009
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Si bien es cierto que muy pocos ciudadanos distinguen las profundas diferencias entre la izquierda y la derecha, también lo es que ninguna de las dos ha sido siempre constructiva. Por el contrario, la izquierda extremista que sólo encuentra en la violencia una solución se acerca al final del círculo con la ultra derecha que en el fascismo y el genocidio expresa su visión totalitarista del mundo y de la sociedad.
No obstante, así como existen muchas izquierdas derivadas de la montaña opositora a los privilegios de la monarquía en el Parlamento francés de 1792, también "La Gironda", representante parlamentaria de los miembros de la Corte y beneficiarios del Rey, se han adaptado en las diversas etapas de la democracia moderna a las nuevas circunstancias en búsqueda de que los cambios se den tan lento como sea posible para que todo siga igual.
Por ello, y ante la realidad concreta imperante, también debemos concluir cuál es la derecha que no deseamos para México, conscientes de que pocas veces han evolucionado a la misma velocidad que las causas universales más avanzadas.
La derecha fascista representada por Mussolini y Hitler, concibió un mundo dominado por razas puras y superiores, y en nombre de ese propósito supremo asesinaron a millones de seres humanos en Europa.
Su más fiel representante en América Latina, Pinochet, mandó matar a miles de chilenos bajo el pretexto de la amenaza del comunismo. Argumento que también utilizaron gobiernos norteamericanos para invadir naciones débiles durante el clímax de la Guerra Fría.
"Franco y Dios S.A." título de un breviario de Eduardo del Río (Rius) sentencia la alianza entre el Gobierno del dictador español con la jerarquía católica para imponer a sangre y fuego un régimen que llevó a esa nación europea a un retraso cultural y económico sin precedente hasta convertirla en una de las naciones más pobres e incultas.
Sin embargo, de ese oscurantismo que asesinó y exilió a hombres y mujeres libertarios, como Federico García Lorca, o que encontraron en México y en Lázaro Cárdenas una nueva patria surgió, a la muerte de Franco, un gobierno conservador pero respetuoso, de corte democristiano pero de prácticas liberales en el ejercicio de la política, que cimentó la transición a la España que hoy conocemos en una monarquía sui generis que ha servido como garante de la alternancia y de la convivencia en un régimen socialdemócrata y un desarrollo que le coloca hoy como una de las economías más sustentables del mundo.
Los gobiernos de la derecha española de Solana y Suárez no sólo abrieron los espacios de expresión a todas las corrientes de pensamiento, principalmente de la prensa escrita y la televisión, sino que además fueron catalizadores de una transición verdadera y no la simulación y la burla de la que fuimos objeto en el sexenio de Vicente Fox. Una derecha inculta, demagoga, ineficiente y corrupta que no queremos para México.
* Diputado de la fracción parlamentaria del PRD al Congreso de Jalisco.
carlos.orozco@congresojal.gob.mx
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