Opinión / Columna
 
Carlos Orozco Santillán 
Metro para Guadalajara
El Occidental
13 de mayo de 2009

  De todos los signos vitales de una unidad orgánica, sea un ser viviente o una ciudad, la circulación que se expresa en sus arterias y venas es la de mayor trascendencia para preservar su existencia. El pulso se siente en el sistema circulatorio como la eficiencia de una urbe en sus calles, avenidas e instrumentos de transporte masivo.

Las banquetas y el espacio peatonal público, por ejemplo, son la primera zona donde la colectividad ejerce su derecho a la ciudad. Pero la capacidad para mover con eficiencia, seguridad y decoro a las mayorías, a través del transporte colectivo, es la cúspide de la salud del lugar.

Eso explica la trombosis que padece una zona metropolitana donde sus sistemas de transporte masivo son el negocio de unos cuantos y no una función estratégica de la ciudad comercial, industrial, habitacional, recreativa y transitable que todos deseamos.

El Periférico, la avenida Federalismo y Lázaro Cárdenas, son obras viales desarrolladas hace más de 30 años. Hoy la ausencia de grandes inversiones en infraestructura para la vialidad viene a acentuar la molestia ciudadana de contar con un modelo de transporte público anacrónico, disfuncional y altamente peligroso en una metrópoli que, por sentido común, ya hubiese reconvertido el régimen de concesiones y recuperado esquemas probados en otras ciudades similares de cualquier parte del mundo. En lugar de ello, los gobiernos de los últimos cinco sexenios en Jalisco han cambiado poco para que todo siga igual: los mismos propietarios de un servicio que por estratégico debería ser responsabilidad del estado y los municipios.

Mientras que la caótica vialidad de la zona metropolitana es acentuada por un parque vehicular que crece en más de 250 unidades por día, propuestas parciales de más rentabilidad que eficiencia como el Macrobús se publicitan como solución a un problema de 100 cabezas.

Aguascalientes o Colima, a unos cuantos kilómetros de Guadalajara, construyen sus segundos o terceros Anillos Periféricos; en tanto, nuestra ciudad no logra concluir una sola obra iniciada hace casi medio siglo. Por si fuera poco, el tren eléctrico urbano es subutilizado con toda la intención de impulsar un instrumento que en Bogotá resolvió, parcialmente, el problema de sus ocho millones de habitantes: el TransMilenio -Macrobús, en Guadalajara-.

Municipios más pequeños en España han logrado en menos de una década que el peatón, el ciclista y la calandria convivan sin peligro con el tranvía, tren suburbano, autobús y el metro.

Sin embargo, ninguna acción sustentable en materia de movilidad o transporte masivo se ha logrado con la visión categórica de la concesión corrompida, del negocio disfrazado de propiedad pública y, menos aún, de participación comunitaria cuando en realidad se trata del monopolio de unos cuantos.

Los habitantes de Guadalajara merecen una ciudad menos contaminada y caótica por la decisión multitudinaria de usar o poseer un auto a ultranza, ante el deseo de no tener que padecer el uso o el peligro de un sistema de transporte arcaico.

En síntesis, con soluciones más publicitadas que eficientes como el Macrobús, y sin más líneas del Tren Ligero, nuestra zona metropolitana seguirá siendo amenazada por el colapso en tanto no se inicie de manera transparente, y con la opinión ciudadana, un proyecto ejecutivo del Metro para Guadalajara.

* Diputado de la fracción parlamentaria del PRD al Congreso de Jalisco.

carlos.orozco@congresojal.gob.mx
 
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