Opinión
Agustín Hernández González
Influenza

El Occidental
9 de mayo de 2009

El tiempo dirá si las decisiones tomadas por el gobierno en sus tres niveles, especialmente el federal, para prevenir y combatir el virus denominado de la influenza humana, antes equivocadamente llamado "influenza porcina" -que según parece surgió no en México, sino en Estados Unidos- fueron acertadas; a pesar de las graves consecuencias que trajeron consigo para la economía del país, en especial para el turismo, restauranteros y porcicultores, pero en general para todos los mexicanos, así como para nuestra imagen en el extranjero.

En efecto, el presidente de la república y las autoridades de salud han venido informando al respecto que para contener la amenaza representada por el brote epidemiológico de dicho virus, hasta hace dos semanas desconocido, se siguieron los procedimientos establecidos para estos casos por la Organización Mundial de la Salud; o sea, prevenir la posibilidad de contagio y evitar así que la enfermedad se extienda en el territorio nacional y hacia otros países, lo que implica en mayor o menor medida acciones drásticas y determinantes, como lo fueron la suspensión prácticamente de todas las actividades no esenciales y el control sanitario en ciertos puntos de contagio potencial, como aeropuertos, centrales de autobuses, etcétera. Así, inevitablemente el mundo entero en cuestión de horas fue impactado con la noticia y, como lo haría cualquiera, empezó cada país a tomar medidas para protegerse del inminente contagio, sin que algunos lo hayan logrado del todo y por tanto al cabo de muy poco tiempo, otros dieron cuenta de sus enfermos.

En millones de personas persiste la duda acerca de estos hechos, es decir: si realmente existe el problema o todo ha sido un invento perverso de alguien para un propósito avieso. Por supuesto esto me parece absurdo. La enfermedad existe, es real y hay que enfrentarla con determinación y solidaridad, pero donde hay discrepancia es en el procedimiento que se siguió en los primeros días para ello, pues siendo i ndudable que deben tomarse en cuenta los protocolos señalados por la OMS para ello, éstos deben aplicarse acorde con la realidad de cada nación, con sus estructuras sociales e institucionales, con su capacidad humana, cultural, social y financiera y con muchas otras condicionantes que harán participar cada estrategia.

Se trata de reglas generales que sin embargo no pueden ser aplicadas a rajatabla, sino con un criterio amplio y con sentido común. Ello explicaría por qué China, por ejemplo, dio ese trato al problema de la gripe aviar que esa nación enfrentó recientemente un tratamiento distinto, pues se habla de que "ocultó" información sobre la magnitud de esa epidemia, cuando pudo haberse tratado de una estrategia para impedir un mal mayor en una nación densamente poblada y con insuficiencias sociales inocultables.

Como quiera que sea, y contemplando al aspecto más positivo, los mexicanos estamos hoy más sensibilizados acerca de estas contingencias, pues probablemente a nuestras generaciones jamás había tocado enfrentar algo así, de tal forma que en el futuro será posible contar con mayores recursos no sólo económicos para defendernos, sino sobre todo sociales (cultura de la prevención, solidaridad humana y conocimiento de técnicas y procedimientos de respuesta tanto preventivos como de recuperación).

El país enfrentará ahora retos muy serios para recuperarse de los efectos causados por tan angustiosa situación. Será necesario hacer esfuerzos adicionales para superar el daño a la economía e incluso psicológico que generó en muchas personas, pero lo lograremos más pronto y sin tanto sacrificio en la medida en que seamos más solidarios y tengamos mayor disposición a continuar con optimismo nuestras vidas.

La mejor forma de recuperar la imagen internacional de México será sencillamente siendo los mexicanos como siempre hemos sido: alegres, optimistas, dispuestos a vivir cada día como si fuera el último; entregándonos a la vida con la certeza de que, en definitiva, vale la pena vivirla.

A todas las madres: ¡Felicidades en su día!
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