Opinión
Óscar de la Torre Padilla
Francisco Morales Aceves, un militante leal a su partido

El Occidental
8 de mayo de 2009

Mientras que faltar a la verdad equivale a engañarse uno mismo, callarla denota falta de carácter. En lo personal, creo en la validez de ese razonamiento; por eso es que voy a referirme hoy a un destacado priísta que ha tenido una indiscutible carrera dentro del partido y desde las bases mismas de su organización, de las que nunca se ha desvinculado, una carrera que comprendió, en su inicio, actividades y cargos modestos que lo llevaron después a recorrer diferentes niveles de la estructura organizativa, hasta que el proceso interno para la elección del dirigente estatal, concluido el 28 de febrero de 1998, lo ubicó como presidente del Comité Directivo Estatal del PRI.

A Francisco Javier Morales Aceves se le reconoce dentro y fuera del partido, como un experimentado profesional de la política y como un conocedor de su ejercicio. Afirmó lo anterior, porque debe darse a cada persona el lugar que le corresponde; lo hago sin temor a excederme y con apego a la verdad.

Habiendo sido militante activo toda mi vida, tengo la certeza de que en política no puede ni debe improvisarse. Entre las cualidades de Morales. Aceves están: el haberse fraguado como político en la lucha cotidiana; el ser hombre de palabra en más de un sentido y siempre congruente en su actuación con los principios del partido, así como leal con sus amigos y firme contendiente con sus adversarios.

Ante los priístas y de cara a la sociedad, confiamos en que Paco Morales habrá de cristalizar su oportunidad de actuar una vez más, como factor de entendimiento y cohesión al interior del PRI; partido que deberá asumir una posición respetuosa pero combativa, para ofrecer esa opción viable de gobierno que exigimos los jaliscienses.

Frente a los acontecimientos políticos, estoy seguro que Paco habrá de sumar o sumarse el proyecto institucional que la mayoría priísta decida.

Porque las instituciones requieren hoy cambios substanciales, hay que empezar por la propia casa. Soplan vientos de renovación que podrían consolidar la identidad de la militancia priísta, si es que se aplican verdaderas "reglas de oro": congruencia, lealtad y unidad, en un ambiente incluyente de civilidad, con diálogos maduros y confrontaciones respetuosas, anteponiendo siempre los intereses de la institución y, por encima de todo, los de Jalisco y de México.

¡Unidad en la diversidad es el camino!
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