Opinión
Carlos Orozco Santillán
El circo de las pulgas

El Occidental
29 de abril de 2009

No terminábamos de institucionalizar las elecciones presidenciales más cuestionadas en México, cuando el régimen centró su prioridad en una desgastante y costosa guerra interna contra el narcotráfico, que viene de fuera y ha matado a más personas -entre buenos y malos- que el mismísimo terrorismo en Irak (siete mil muertos en 2008). El mismo número de mujeres que mueren al año en nuestro país al practicarse un aborto clandestino en condiciones insalubres generadas por el entorno de su propia penuria.

Por si fuera poco, la caída de la economía simulada en un modelo especulativo y de ficción que ha enriquecido a unos cuantos y creado una gran franja de miserables en la historia de la humanidad, se vino abajo estrepitosamente en la crisis económica más aguda de los últimos cien años y cuyo iceberg apenas asoma en la vida cotidiana de los 106 millones de mexicanos. De los cuales, sólo seis familias poseen el diez por ciento de la riqueza nacional mientras el 60 por ciento de la población sólo el diez por ciento del producto interno bruto, en una desigual distribución de la riqueza cuyos abismos sólo son comparables con algunas naciones del África Septentrional.

No obstante, el mundo bizarro nos deparó una nueva variable para que el mundo nos observe no sólo como un país de tequila y mariachis, tutores de la infancia más obesa del mundo y una población proclive a la muerte natural por enfermedades relativas a la herencia genética y al sedentarismo: la influenza. Porcina o no, esta enfermedad -producida por un virus mutante cuyo tratamiento en ciertas condiciones es aún experimental y se podría extender a cualquier parte del planeta-, ha demandado la mayor prioridad de la seguridad nacional y económica para corresponder a los acuerdos internacionales y parámetros del cerco sanitario a través del cual somos observados y evaluados por la ciencia médica a cada minuto, así como por los gobiernos, los pueblos y todos los sistemas de alerta y prevención de pandemias a nivel mundial.

El simple hecho de haber tenido que aplicar todos los recursos disponibles del Estado y la sociedad para atender esta alerta sanitaria no puede compararse con las consecuencias económicas impredecibles que tendrá nuestra trágica circunstancia. El cierre de las actividades económicas principales de los centros turísticos y urbanos, de los espectáculos públicos, las clases, servicios especializados privados, así como la disminución de la movilidad y la demanda de servicios y consumo de productos, inevitablemente abatirán la dinámica productiva y la generación de bienes en consecuencia de recursos fiscales para la inversión social y sustentabilidad del Estado a mediano plazo. A partir de la que deberá restaurarse -una vez superada la alerta sanitaria-, la incipiente economía mexicana al sumarse a la precariedad laboral la caída de la renta y consumo en la mayor parte del comercio y la industria, sólo para ratificar lo que todo mundo sabe de antemano en materia de salud veterinaria, tangos de arrabal y filosofía perruna: que el más flaco es el mejor circo ambulante de las pulgas.

* Diputado de la fracción parlamentaria del PRD al Congreso de Jalisco.

carlos.orozco@congresojal.gob.mx
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