Opinión
Luis David González González
A los caídos en el cumplimiento del deber

El Occidental
21 de abril de 2009

SENTIDO COMUN

Un tema que rebasa al de la recesión y las campañas políticas es sin duda el del combate al narcotráfico. Todos los mexicanos reconocemos en el presidente Felipe Calderón a un comprometido mandatario que enfrenta a costa de la vida propia y la de los servidores públicos que lo acompañan, a este "demonio de mil cabezas" que afecta la salud y la estabilidad familiar de todos nosotros.

Hace unos días fue asesinado impunemente un policía investigador jalisciense que se destacaba por su alta eficiencia en la resolución de crímenes, y que fue ultimado junto con una inocente víctima civil.

Con tristeza vi también la noticia donde fallecieron en Tepic otros seis policías y dos custodios, defendiéndose de un ataque tipo guerrillero, donde los delincuentes pretendían liberar un secuaz, desatando una balacera cual película estadounidense de acción.

Desafortunadamente aquí no hay extras ni balas de salva, sino armas de grueso calibre y familias con duelo por la defunción de sus seres queridos. También en un operativo detuvieron en Morelia a 43 integrantes de una familia que departía alegremente en una fiesta, rodeados de la sociedad michoacana. Seguramente los demás invitados no sabían a qué se dedicaban estos "inocentes" ciudadanos.

Es increíble cómo nuestra sociedad ha sido compenetrada al grado de perder la capacidad de asombro, y aceptar sin recelo su dinero, su vecindad, y hasta su amistad. En cualquier población pequeña o colonia urbana los habitantes conocen quiénes son los envenenadores y traficantes, sin hacer señalamientos a la autoridad.

Lo más triste es que nuestros niños y jóvenes ven en estas personas el ejemplo a seguir para alcanzar una escala social y ganar dinero fácil, dejando atrás la realidad de la preparación profesional y el esfuerzo constante.

Antes, en la cultura popular predominaba la percepción de que los narcos vencían la legalidad a base de corrupción y astucia, siendo héroes de corridos. Pero ahora también estas personas son reconocidas como benefactores y motores de la economía, dejando atrás a una serie de personas anónimas que trabajan legalmente desde pequeños negocios y cientos de miles que hacen subsidiariedad con base en donaciones y altruismo en servicios personales.

Nuestra sociedad debe reconvertir su visión y ver a estas personas como lo que son, verdaderos criminales peligrosos que contaminan lo que tocan, siempre tratando de vulnerar el Estado de derecho bajo la premisa de los metales: plata (dinero) o plomo (balas).

No podemos cerrar los ojos ante la realidad y perder la capacidad de asombro al abrir el periódico y ver los cientos de asesinatos que cada mes se cometen por estos grupos delictivos para conservar su poderío e influencia.

Somos millones de personas las que habitamos este país, y cientos de miles las que se encargan de resguardar el orden público y hacer cumplir la ley. La sociedad debe reconocer a sus hombres caídos en el cumplimiento del deber y el Estado mexicano garantizar que su familia no quede desprotegida.

No podemos permitir que sólo a los secretarios de Estado caídos en un accidente se les den funerales de honor, y a los policías de línea y soldados rasos les hagan ceremonias en patios de prisiones o estacionamientos de corporaciones.

Esto no deben ser sólo estadísticas, porque todo servidor público caído en cumplimiento del deber en esta guerra, debe ser homenajeado como héroe, debe de ponerse en ese momento una bandera a media asta, y hacer del conocimiento del pueblo en cadena nacional que un mexicano más ha muerto en esta batalla contra el crimen organizado.

Ayudemos con nuestro agradecimiento y apoyo moral a los policías y soldados a recuperar este grandioso país, para disfrute con tranquilidad y paz social de nosotros y de nuestros hijos.

* Industrial y académico.

analisis@notiemp.com
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