Opinión
Guillermo Cosío Vidaurri
¡Diputados rechazan cuentas públicas de Fox por corrupción!

El Occidental
20 de abril de 2009

Así intituló un periódico nacional, en su edición del 16 de abril, la nota informativa que da cuenta respecto de la sesión celebrada el día anterior en la Cámara de Diputados para analizar las cuentas públicas del ex presidente Fox por lo que a los años de 2002 y 2003 se refieren.

Después de un debate que se realizó por casi cinco horas con participación de diputados de todas las corrientes políticas representadas en la Cámara, la mayoría de congresistas desaprobó la gestión del ex mandatario, considerando que hubo corrupción, mal uso de recursos públicos y manipulación.

El debate dio lugar para que diputados de la oposición calificaran a Vicente Fox en términos sumamente duros y directos, señalando la serie de errores en que incurrió como gobernante, las omisiones en el cumplimiento de obligaciones constitucionales y la falta de probidad en el manejo de los recursos nacionales.

No dejó de señalarse como causa para desaprobar sus cuentas gubernamentales, el que el país no hubiese crecido durante su mandato; no obstante que en la administración se obtuvo un caudal de ingresos excepcional por concepto de excedentes petroleros, cuantiosas remesas de los migrantes, que en conjunto -de haber sido correctamente aprovechadas- hubiesen posibilitado el desarrollo nacional consecuente con los recursos manejados.

Aunque tardíamente, la Cámara de Diputados, mediante el análisis de las cuentas del foxismo, ha llegado a determinar el triste papel que como gobernante llevó al cabo un hombre incapacitado para gobernar, quien asumió conductas mesiánicas propias de la personalidad bipolar de que dio muestras innegables en el transcurso de su mandato.

A México desafortunadamente le tocó vivir en el sexenio pasado una de las etapas más tristes de su vida institucional. Fue ridículo el proceder del jefe del país, compartiendo las funciones inherentes al elevado cargo con su esposa, y dando margen para que ella se arrogase funciones que jamás podían haberle competido, interviniendo en tareas de Estado para las que ni tenía facultad de ejercer ni tampoco estaba preparada para ello (en caso de que hubiese existido alguna norma que le confiriese esas prerrogativas).

A dos años de que Fox quedó fuera del gobierno por conclusión del ciclo en que le correspondió actuar, la resaca de sus errores y desaciertos, de sus abusos e ineficiencias, aún sigue y seguirá golpeando por mucho tiempo la vida de la república.

El altísimo nivel de inseguridad que hoy padecemos, el auge del narcotráfico que ha aflorado y el extremado desempleo, ahora incrementado por la situación económica que se vive, es la herencia trágica de un gobernante que como candidato prometió la creación anual de un millón de empleos, lo que a la postre se trocó en balance totalmente negativo.

Quedan en el Congreso para analizar en el futuro los últimos años de la gestión de Fox, de cuyos resultados se desprenderá la conclusión acerca de las malversaciones efectuadas en la postrimería de su encargo, como fueron: la llamada Biblioteca Vasconcelos, la Terminal 2 del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México y los abusos que cometieron los familiares de su esposa, aprovechando las grandes facilidades recibidas para la realización de negocios en que obtuvieron millonarias utilidades que jamás podrán ser justificadas.

Corresponde a la actual Legislatura federal llevar adelante la revisión del último periodo gubernamental correspondiente al sexenio foxista, pero de no haber tiempo para que lo haga, la tarea corresponderá a la Legislatura entrante.

Por ello es preciso que a la Cámara de Diputados vayan personas capaces, ideológicamente preparadas y renuentes a la complacencia, a fin de que al ponerse a consideración y posterior discusión los dictámenes de las cuentas finales del presidente Fox, extremen su cuidado y atención, con el fin de que por ningún motivo la fracción proclive a él -que seguramente irá al Congreso- pretenda exonerarlo declarando impoluto su mandato, pese a todas las evidencias que hoy afirman lo contrario.

En síntesis: es necesario elegir diputados que cumplan a plenitud su obligación para con el país y no duden en reprobar -porque es lo que merece- a un gobernante que abusó de su cargo e impidió con su desgobierno que la nación aprovechase las grandes posibilidades que tuvo a su alcance para crecer merced a los excepcionales recursos obtenidos y tan lamentablemente desperdiciados.
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