Opinión
Luis David González González
Fuentes de empleo, igual a paz social

El Occidental
7 de abril de 2009

SENTIDO COMÚN

Recientemente los medios de comunicación destacaron una declaración que hizo el vicegobernador del Banco de México, Everardo Elizondo Almaguer, en el que expresa que "el impuesto sobre nómina que aplican los Estados, me parece particularmente problemático, casi no hay un Estado que no tenga un impuesto sobre nómina, de manera que el costo para el empleo, de ocupar una persona, está distorsionado por este impuesto". Lo grave de esto es que no es un empresario dolido de toda la carga fiscal con la que diariamente batalla, sino que quien lo expresa es un alto funcionario de una de las instituciones económicas fundamentales de nuestro país. La opinión vertida por el vicegobernador del banco central, difícilmente podemos tomarla a la ligera.

Con la información a la que tiene acceso, seguro su discurso está respaldado con algún estudio económico que amparen sus palabras. Como sabemos, los impuestos son medios, no el fin, para hacer un Estado mexicano fuerte que pueda redistribuir de forma equitativa la riqueza entre sus gobernados.

El Artículo 31 fracción IV de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos señala la obligación de todos los ciudadanos de contribuir para los gastos públicos. Sin embargo, la distorsión de este sagrado mandato de la Carta Magna radica en que, por ahora, el susodicho impuesto a las nóminas no se ha visto reflejado en una mejoría del bienestar de los trabajadores mexicanos, ni mucho menos en una clara política de fomento al empleo.

Cuando nuestro presidente de la república, Felipe Calderón Hinojosa, se autoproclamó "Presidente del Empleo", adquirió un gran reto, pues actualmente se requiere en el país un total de cuatro millones de nuevos empleos para dar cabida a todos los jóvenes que vienen subiendo en la pirámide poblacional, y que buscan una oportunidad de desarrollo a través del trabajo remunerado.

Los programas establecidos por el gobierno federal, como el llamado "Primer empleo", no han dado el resultado esperado. Los empresarios saben que no es a través de la condonación de pequeñas cuotas del IMSS como se reactiva el crecimiento económico para así poder emplear a más personas.

Sin lugar a dudas, el papel que el gobierno de cualquier nivel debe jugar es el de ser facilitador ante cualquier trámite o requisito, para convertirse en un continuo promotor de la creación de empresas legítimas y cumplidoras de las leyes, que tributen equitativamente sus impuestos, y que generen a través de la remuneración al trabajo de sus colaboradores, un reparto de la riqueza. El Estado mexicano no es el creador de empleos, pues los gobiernos nunca han sido la solución al desempleo.

Cualquier impuesto que se genere, pero que no quede debidamente etiquetado con qué fin se utilizará, seguro se irá a gasto corriente del gobierno sin dar valor agregado a los ciudadanos. En el caso del impuesto sobre nómina, así sucede.

Sólo en Jalisco se recaudó en el 2008 la cantidad de 1,784 millones de pesos por este concepto (tres por ciento del presupuesto estatal). Si una parte importante de estos recursos se destinaran a la capacitación profesional de los trabajadores, a créditos para microempresas a tasas bajas, a equipamiento urbano de guarderías para hijos de trabajadores, al fomento de emprendedores, a la estructuración de proyectos estratégicos sectoriales para los industriales, etcétera, seguramente nuestro estado sería de los primeros tres en el país en crecimiento económico. Ahora se encuentra en el Congreso del Estado una iniciativa para aumentar dicho gravamen. Lo que los diputados deben saber es que "no está el horno para bollos".

La situación que atravesamos en este momento todos los mexicanos con la alza de los consumibles y energéticos, así como de los alimentos que conforman la canasta básica, afecta ya no sólo a la clase más desprotegida de este país, sino también a los microempresarios, empleados, obreros, profesionistas; y todos lo que participan en esta economía han visto afectados sus bolsillos con la disminución de su poder adquisitivo.

Hasta el siglo XIX sólo había ricos y pobres. En el siglo XX apareció la clase media. Ahora en esta época hay "ricos, ricos" (sic, cardenal Juan Sandoval), clase media alta, media a medias, así como baja, pobreza y pobreza extrema.

Recordemos que tenemos 60 millones de personas en nuestro país que sobreviven diariamente, y que estamos próximos al Bicentenario de la Independencia y el Centenario de la Revolución, que celebraremos en el año 2010. ¿Acaso no deberíamos entonces preocuparnos todos por crear en breve estas oportunidades de trabajo, para quitar un poco de presión social a esta cabalística fecha?

Ojalá los legisladores jaliscienses recapaciten y no quieran castigar de nuevo a los únicos que están haciendo su tarea como mexicanos, es decir, creando empleos para sus propios connacionales.

* Industrial y académico.

analisis@notiemp.com
Columnas anteriores
Columnas

Cartones