Opinión
Sara S. Pozos
La insoportable intromisión de la Iglesia

El Occidental
25 de marzo de 2009

La Iglesia católica hablando de apertura, exigiendo respeto, es la misma que ha propociado la impunidad de los pederastas en su "sacro" seno, la misma que ha censurado a todos los que no estén de acuerdo con ella. Pide lo que no da y exige algo a lo que no tiene derecho. La católica -que por romana es ajena a lo mexicano, a lo nuestro- ahora apela a "su derecho y libertad de expresión" por encima de la legislación y normatividad vigente. Nunca le ha importado respetar al Estado y ahora no iba a ser la excepción.

Habla y lo hace sin tapujos. Se desenmascara y muestra su auténtico rostro: el de la podedumbre y ambición que la ciega desde que es institución de hombres (o sea, desde su origen, allá por el año 400 d.C.) Devela su razón de ser en este país y lo hace a través de su órgano de comunicación oficial, el mismo que representa "per se" su postura institucional. Y no le importan las consecuencias legales porque es plenamente consciente de que no las habrá. El silencio de la Secretaría de Gobernación es la cúspide de la complicidad y de la podredumbre del sistema político, quién sabe si por el priísmo o por el panismo, o por el catolicismo... quizá por todos juntos, aunque no estuvieran revueltos.

La católica romana espera -porque por eso lo hizo- que con su declaración se invierta, si eso fuera posible, la intención del voto ciudadano a favor del Revolucionario Institucional. Las dudas surgen, y busco en los medios de comunicación alguna encuesta o algún dato que objetivamente nos permita medir la influencia de la declaración romana... Busco y no hay nada al respecto, quién sabe si por falta de interés o porque los mismos medios saben que la influencia de la jerarquía católica es mínima.

Pero al PRI parece temblarle la mano y no encara ni demanda, tampoco exige; y hace -o pretende hacer- caso omiso de tan evidente violación a la norma. Se impone en su actuar político el peso de la Historia que no puede ocultar, y eso me hace preguntar qué tanto ha podido cambiar el PRI que nos fastidió a todos pero que ahora saborea la tentación por el regreso al poder.

El Instituto Federal Electoral dice que no puede actuar de oficio, que tendría que haber una queja de algún partido. Gobernación atiende sus despachos y trabaja para el clero católico, por lo que de ahí no vendría ninguna respuesta. Acción (Irresponsable) Nacional se plantea en el "ring" mediático golpeando a un PRI que, más que cautoloso, parece temeroso. Algo o mucho se le sabe y no le entra al debate mediático.

Ante el silencio institucional político, el vocero de la Arquidiócesis de México, Hugo Valdemar, enfrenta y provoca, reta a los partidos a que presenten su queja ante el IFE si considera alguno de los partidos que la católica violó la legislación. Nadie levanta la voz, ni siquiera los acusados, y los poquitos que lo hacen no reciben la atención debida. El país se mueve por falta de ingobernabilidad pero se mueve.

No es la primera vez que en la Historia de nuestro país la jerarquía católica se pronuncia públicamente en contra de algún candidato o partido político; pero su ansiedad y aspiraciones políticas, moral y religiosamente incorrectas e indebidas, la están llevando a la locura en un Estado en donde las acusaciones, las falsedades, la corrupción, la falta de valores son cada vez más comunes.

En ese nivel, el ser pendenciero se ve como una virtud y no como un defecto. En ese nivel, la confontración se ve como una estrategia y no como una debilidad. En ese nivel, la intromisión se vuelve algo soportable frente a la parsimonia de las autoridades. En ese nivel de locura política, la católica se transforma mutando su apariencia de cordera por lo que realmente es: un lobo rapaz. En ese nivel de cerrazón, uno se explica por qué debemos aprender todos los días de la Historia y uno entiende los hilos que mueven a los gobiernos panistas.

No hay nada más peligroso para un Estado laico que una Iglesia católica entrometida, una izquierda dividida y una derecha en el poder.

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