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Opinión
![]() WTC Confianza
José Carlos Torres Verdín
¿Hasta cuándo?
El Occidental
28 de febrero de 2009
Seguramente habrán leído algún ejemplar de "Cartas abiertas" enviado por la conocida reportera Denise Dresser, tanto a senadores mexicanos como a Carlos Slim. En caso de que no lo hayan hecho, es altamente recomendable leerlas, ya que Denise dice lo que todos quisiéramos gritar a los cuatro vientos y hasta al Chapulín Colorado (por lo de: "¿y ahora quién podrá defendernos?"). Son documentos que con argumentos válidos enlistan las verdades tanto económicas como sociales que todos vivimos y que pocos luchan por detener.
Es lamentable que sólo una mujer haya tenido el valor de decir las cosas como son y, principalmente, sugerir cómo deben ser para salir adelante como país. Si nos lo permiten, nos gustaría poner como ejemplo una experiencia reciente y que ejemplifica cómo nos falta cambiar de mentalidad en la forma que trabajamos en México: Hace unos días quisimos pagar por internet el impuesto predial; ciertamente el proceso automatizado y seguro de la página nos dejó gratamente satisfechos como en otros años (este desarrollo no es nuevo). Sin embargo, aun cuando estas tecnologías ya se pagaron con nuestros impuestos, seguimos con un pobre desempeño en su aplicación. Ampliando un poco este punto: al pagar por internet se cobra una comisión de 70 pesos, que en ocasiones es más del 15 por ciento del impuesto predial y, por lo mismo, desincentiva el pago electrónico y obliga a que muchos contribuyentes traten de "ahorrar" pagando directamente en las recaudadoras. Nótese que utilizamos la palabra entre comillas, ya que ciertamente el costo de la gasolina, transporte, contaminación, estrés, seguridad, etcétera, del contribuyente; así como el de la renta, sueldos, electricidad, seguridad... en que incurre el gobierno; y nosotros, al tener que pagar por edificios y personal, consideramos que debería ser utilizado para otras cosas. Este costo por ineficiencias es mucho mayor que los 70 pesos, pero la mayoría de la gente no se siente motivada a utilizar la tecnología, ya que, con poco dinero en el bolsillo, 70 pesos significan uno o dos días de supervivencia. ¿Cómo vamos a lograr que todos utilicemos la tecnología y seamos más competitivos si tenemos un gobierno, bancos y empresas de telecomunicaciones que no entienden que la tecnología es para hacer eficiente su estructura de costos y volverse más competitivos y económicos, en vez de querer "trasladarle a la gente" el costo de evitar darse la vuelta a la sucursal o recaudadora? Efectivamente, el anterior comentario es el que siempre escucharán: que las altas comisiones por el uso del cajero automático, consulta de saldos, pagos en línea y demás procesos automatizados cuestan más que hacer uso de las infraestructuras y el tiempo del personal de las sucursales (todo porque nos evitan darnos la vuelta). Esto sólo se ve en México y en otros países subdesarrollados y por eso nos cuesta en niveles de competitividad; no se trata de que las empresas en México no sean de clase mundial, se trata de que como mercado nos dejamos que nos hagan estos y muchos abusos porque no sabemos exigir, hasta nos da pena y pagamos lo que nos cobren. Hasta cuándo tendremos un país que sea ciento por ciento tecnológico y hasta se evite el contacto personal entre burócratas y contribuyentes que muchas veces sólo se presta a pérdida de tiempo y corrupción. En la medida en que automaticemos los trámites, quitaremos de encima la discrecionalidad del funcionario público; y sólo cuando sea absolutamente indispensable, por fallas en la tecnología o el software, tengamos que contactar a un funcionario para que haga su trabajo a la antigüita y -por favor- con una sonrisa en la cara, que para eso le pagamos. Los márgenes financieros se benefician más por menores costos que por mayores precios, pues a la larga los ahorros que damos a nuestros clientes incentivan la mayor contratación de nuestros servicios (públicos y privados). Si vamos a vencer en la batalla contra incompetencia y baja competitividad, sólo podremos hacerlo si gobierno e iniciativa privada rompemos nuestros esquemas y paradigmas tan obsoletos. ¡Sí se puede! Columnas anteriores
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